Arte

El Arte en el día a día

Muchas personas imaginan que, para volver su día a día más bello y artístico, sería necesario tener un nivel socio económico más elevado, sin embargo esto no es verdad. Tener un día a día en que la belleza esté presente no significa, necesariamente, tener una casa lujosa o piezas de decoración carísimas. Todo depende de su sensibilidad.

A pesar de disponer de muchos recursos materiales, lo que posibilitaría el acceso a música, a las obras de arte y a todas las otras manifestaciones artísticas de alto nivel, hay personas que no ven ninguna gracia en eso, no perciben y no saben apreciar la Belleza contenida en ellas.

Abundancia de recursos materiales no es, necesariamente, sinónimo de riqueza de espíritu. Una vida sin arte no puede ser considerada plena. Volverla una manifestación artística es esforzarse para desarrollar cada vez más la sensibilidad, comenzando con pequeñas prácticas como:

  • Colocar una flor en cada ambiente;
  • Colgar bellos cuadros en las paredes, aunque no sean originales o de artistas famosos;
  • Ordenar la mesa, para las comidas, de modo que la Belleza esté presente;
  • Oír buena música;
  • Practicar algún tipo de arte: canto, poesía, ceremonia del té, arte de la flor, danza,
    pintura, etc.

La Belleza no es simplemente algo que trae una satisfacción individual, sino también lo que causa una sensación agradable a los otros. Así, podemos decir que es una especie de buena acción;

Amar la Belleza y comprenderla verdaderamente son parte de la naturaleza paradisiaca del ser humano.
Al pulirnos, conseguimos exteriorizar esa naturaleza, volviendo mejor el mundo a nuestro rededor. El nivel espiritual del individuo que convive y aprecia la Belleza siempre se eleva y su vida se vuelve cada vez más bendecida. Por eso, es fundamental interesarse por las cosas bellas y, en la medida de lo posible, mantener la belleza en todo lo que nos rodea.

Colaboración: Grupo de Estudios del Núcleo Arte – FMO

Religión y Arte

El concepto actual de que la religión se halla desligada del arte, me parece a mí un grave error. Ennoblecer los sentimientos del hombre, enriquecerle la vida proporcionándole alegría y buen gusto, es la misión del arte.

Las personas que tienen conocimiento del arte, sienten indecible placer en apreciar las flores en la primavera y los paisajes campestres o marítimos. No es exagerado decir que el Paraíso Terrestre que tenemos por ideal, es el “mundo del arte”, que no es otra cosa sino el mundo de Verdad, Virtud y Belleza, al que acostumbro referirme.

El arte es la representación de la Belleza. ¿Cuál sería la razón por la cual el arte se ha tenido olvidado hasta ahora? Los monjes antiguos y famosos demostraron notable genialidad en el campo del arte, esculpiendo y construyendo templos. Entre esos artistas religiosos, sobresalió el Príncipe Shotoku. Difícilmente se puede creer, dicen todos, que la magnificencia de la construcción del Templo Horyuji de Nara -obra maestra del Príncipe- y las pinturas y esculturas que adornan su interior, hayan sido creadas hace más de 1.300 años.

Por otro lado, como surgieron muchos monjes famosos que divulgaron la doctrina -adoptando la humildad y el ascetismo- ciertamente nació el concepto de que no hay ninguna relación entre el arte y la religión. Aquí existe la Verdad y la Virtud, pero falta la Belleza. Por esas razones, pretendo hacer una gran divulgación del arte.

Meishu Sama,
25 de enero de 1949, Cimiento del Paraíso

PARAISO – MUNDO DEL ARTE

Acostumbro decir que el “Paraíso es un mundo de Arte”, pero eso no deja de ser un concepto bastante resumido. El perfeccionamiento del arte es naturalmente deseable, sea pintura, escultura, música u otras, como las artes escénicas y la danza, literatura o arquitectura, pero es preciso que todas las artes se encuentren reunidas, o mejor, que todo sea artístico, para decir que es un Paraíso.

La solución de los sufrimientos de la enfermedad por las gracias divinas que divulgo, en realidad, no es sino un magnífico arte de la vida, porque el arte en su esencia, deberá satisfacer las condiciones de Verdad, Virtud y Belleza.

En principio, en el enfermo no está fundamentalmente la Verdad. El hombre debe ser sano por naturaleza. Perder la salud espiritual o material, significa que dejó de ser lo que era: la Verdad. Tenemos por ejemplo un objeto, una jarra; si ella adquiere un defecto, perderá su utilidad. Como objeto, no hay verdad si deja filtrar el agua, si se cae al dejarla en pie, o se quiebra al intentar usarla. Por lo tanto, hay que repararla para que sea usada.

Lo mismo sucede con el hombre; si una persona, por una enfermedad, no puede cumplir las misiones para las cuales fue creada, se vuelve inútil a la sociedad. Deberá, pues, ser curada para volver a trabajar. El “Johrei” de nuestra Institución cumple esa función.

Enseguida, consideremos la Virtud. Si no hubiera Virtud en el hombre, y practicara solamente el mal, también dejaría de ser un hombre de verdad: sería un animal. Tal especie de hombre perjudicaría a la colectividad en la que vive, y será necesario en vez de condenarlo, evitar su existencia. Pero eso compete a Dios, que posee el derecho sobre la vida y la muerte del hombre.

Innumerables personas se vuelven víctimas del fracaso, de la enfermedad, de la pobreza y hasta de la muerte precoz. Es que esas personas están siendo juzgadas por Dios. Pero hablando simplemente del mal, hay diferencia según se cometa conciente o inconcientemente, el cual genera su respectivo sufrimiento, de acuerdo con esa diferencia. La justicia es perfecta.

Por último la Belleza; pero omito la explicación sobre ella por ser asunto del dominio de todos; como vimos, la condición fundamental para transformar este mundo en un Paraíso, está en la concreción de la Verdad, Virtud y Belleza. Así nuestra obra tanto para reformar el hombre como para reformar el cultivo agrícola, son lógicamente un arte. Es el arte de la vida y el arte de la agricultura. Agregamos a esto la construcción del Prototipo del Paraíso Terrestre que es el Arte de la Belleza, y la conjunción de estas tres cualidades forma el Mundo de la Luz consustanciado en la Trinidad. Es el Paraíso Terrestre, la concreción del Mundo de Miroku.