Cambiando a los Padres para cambiar a los Hijos

He atendido a algunos padres en el colegio donde desarrollo mis consultorías. Ocasionalmente, asisten matrimonios, pero usualmente quien llega es o el padre o la madre.
Cuando los padres encuentran dificultades en lidiar con los hijos pequeños, principalmente cuando el problema es la desobediencia, normalmente se les encamina a una entrevista. Una vez atendí a un matrimonio en el cual los padres peleaban y castigaban a un niño de apenas 6 años. En la escuela, esta niña tenía un comportamiento revoltoso, mal educado y, al mismo tiempo, de carencia afectiva. En este caso los padres asistieron y relataron toda la situación. Por no hacer la tarea y por desobediencia, la mamá peleaba constantemente con él, y el papá la castigaba. Después de oír pacientemente el relato, ellos me preguntaron si yo tenía alguna solución para este caso. Les respondí que sí y que LOS PROBLEMAS DE LOS HIJOS, SON PROBLEMAS DE LOS PADRES, es decir, que deberían buscar en ellos la causa de toda esta situación. De inmediato vinieron las justificaciones, responsabilizando al hijo. Con bastante calma intenté explicarles el porqué de toda esta situación. Les expliqué el funcionamiento de los tres mundos: el del pensamiento, el de la palabra y el de la acción. El orden es: pienso, hablo y hago. Por lo tanto, para cambiar la acción antes tengo que cambiar mi pensamiento. El pensamiento representa a los padres y la acción al hijo, por lo tanto, para cambiar al hijo es necesario cambiar a los padres.

El matrimonio aceptó esa forma de pensamiento, por lo que me preguntaron; ¿Qué es lo que necesitamos cambiar?

Les respondí cuidadosamente:

1.    En primer lugar, entiendan el verdadero sentido de  la misión de los padres, que es la de formar a un hombre bueno, útil a la sociedad y a Dios.
2.    Ayudarle en la formación de su carácter para que sea una persona del futuro.
3.    Crear un ambiente familiar armónico capaz de ejercer influencia positiva en la formación del hijo.
4.    Educar sin perder de vista la edad del hijo, pues, dependiendo de esto no estará desarrollada la parte racional, tornándose necesario repetir las cosas con paciencia muchas y muchas veces. No olvidar que la educación significa repetición.
5.    Cuando conversen, hablen de manera que el niño entienda.
6.    Conocer profundamente las cualidades de su hijo, y trabajar siempre su lado positivo, pues aumentado lo positivo, el negativo disminuye proporcionalmente. Cuanto más se ataca lo negativo, este más se fortalece.
7.    Nunca olvide la diferencia entre su edad y la edad del niño.

Viendo todo eso, los padres quedaron abrumados y comenzaron a sentirse culpables, principalmente por la manera en que estaban tratando a su hijo. Prometieron que se empeñarían por cambiar sin olvidar de estar siempre preguntándose: ¿QUÉ DEBO CAMBIAR PARA QUE MI HIJO CAMBIE?. A la semana siguiente el alumno ya había cambiado mucho su comportamiento en la escuela. Y esto fue apenas el comienzo.

Rev. Koji Sakamoto

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