Buscando la fuente de la inteligencia

Extracto de cien historias de mi fe del Rvdo. Katsuiti Watanabe

Es la verdad que cuando procuramos conocer la Voluntad de Dios, es que descubrimos nuestra debilidad como seres humanos y en eso reconocemos el valor y la importancia de vivir, buscando por eso mismo tornar el mundo cada vez mejor.

Las personas materialistas no quieren saber de eso, influyen erróneamente creyendo que la religión y el poder difícilmente se concilian y procuran olvidar la primera. Pero el problema está en el hombre que procura dominar al otro a través de la fuerza y del poder y no por la religión. Eso ellos procuran ignorar.

Hay ciertas personas del país que quieren negar de que las enseñanzas de Confucio y Mencio estén vivas porque representan la verdadera ideología oriental. Tanto en el pasado como en el presente existen innumerables personajes ilustres que siguieron la línea de la religiosidad.  Todos, desde el educador al político, hasta los empresarios deben saber que la fuente del mal es fruto del materialismo que no reconoce la validez del camino de la fe o de la existencia de la fuerza invisible de Dios.

Decimos en palabras que Dios es amor, pero ¿de qué tipo será el amor de Dios?

Cuando nos dirigimos a alguna persona conocida usamos la palabra shin-ai (querido). Pero cuando cambiamos la palabra shin por otra de igual fonema shin-ai (corazón-amor) o shin-ai (Dios-amor), shin-ai (credo-amor), shin –ai (profundo amor), podemos ver las maneras de ser de este amor.

De igual forma podemos proceder con la palabra shin-ko (fe). Cuando cambiamos las letras y escribimos shin-ko (profunda-cosecha), podemos sentir que es importante procurar a través de las raíces. Por lo tanto, la fe ciega no es verdadera.

El maestro nos enseñó que “para creer es importante comenzar a dudar”. “La duda es el principio de la creencia”. Inicialmente debemos dudar y aún más dudar por encima de todo, hasta que lleguemos al punto en que no haya otra salida, si hemos tenido dudas, ahí sí nacerá la verdadera fe.

Cambie ahí las palabras shin-ko (fe) por shin-ko (profunda- cosecha), más aún, podemos escribir shin-ko (aguantar – acción). De cualquier manera está implícita la importancia de visualizarse y procurar algo más allá de las cosas palpables.

Las personas muchas veces desprecian o descartan a las otras diciendo que: “fulano no sirve” y no se esfuerzan para descubrir otros valores que la persona pueda tener más allá de aquellos que se desprenden en un análisis superficial.

Se preocupan de hechos como: se demora mucho en las respuestas, etc., para hacer su análisis.

Es natural que existan personas que reaccionan más rápidamente a un cierto estímulo y otras que llevan más tiempo. Dan preferencia a las primeras y desprecian al resto. Pero no hacen ningún esfuerzo en saber por qué tal persona no está reaccionando.

Le culpan por sus motivos de “no reacción” y no ven que en sí mismo están esos motivos. En verdad tal hecho ocurre porque aquel al que quiere estimular no está entendiendo o penetrando en el interior de la persona. Si lo hiciésemos podremos hacerlo reaccionar.

Aquí necesitamos de un autoanálisis o sea autocrítica.

Esa es la actitud de quien tiene verdadera fe.

¿Cómo podemos aclarar y resolver los problemas difíciles cuando nos dedicamos a servir a Dios? Para solucionar lo que aflige a las personas, en especial los problemas que atormentan a la familia de los miembros, debemos como instrumentos de las Enseñanzas del Maestro no desistir jamás de enfrentarlas. Esa postura es el espejo de la verdadera fe.

Katsuiti Watanabe

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