Experiencia con el Johrei

Después de una vida desordenada y llena de problemas, Ricardo da Silva Galvao descubrió el Johrei, las Enseñanzas de Meishu Sama y la Práctica de la Gratitud Diaria. Hoy, feliz, tiene plena consciencia de que fue salvado para dedicarse a la Obra Divina.

Mi nombre es Ricardo da Silva Galvao, tengo 40 años y vivo en Brasil.

Desde pequeño mis padres siempre me dieron una excelente educación y me enseñaron a ser honesto, a no mentir, a respetar al prójimo y a los mayores. Además, nací con el don de dibujar lo que sea que imaginara.

A pesar de todo eso, a los 17 años comencé a beber y a consumir drogas: marihuana, cocaína, LSD, tés alucinógenos y todas las bebidas alcohólicas.

Mi padre siempre deseó que yo estudiara alguna profesión o siguiese una carrera militar, pero jamás me gustó estudiar. Siempre fui perezoso e indisciplinado en el colegio. Pasaba de año con la ayuda de profesores particulares, debía hacer las pruebas recuperativas y copiaba en las pruebas finales. Estudié tres carreras y no me titulé de ninguna.

Me casé a los 28 años. Mi vida conyugal duró 5 años. No tuve hijos. Vivía con mi esposa en la casa de mis suegros. Mi cuñado consumía drogas y mi suegro era alcohólico. Sólo la madre de mi esposa trabajaba. Yo encontraba que todo eso era una maravilla: alcohol y marihuana en la sala. Como era de esperarse, todo salió mal sentimental, profesional y materialmente.

Me casé por segunda vez a los 35 años. Esa unión duró 2 años. De este matrimonio tuve una hija. Mi esposa era de buena familia, muy educada y trabajadora. Yo, alcohólico y drogadicto. Obviamente, todo salió mal, como la primera vez.

Posterior a mi separación, conocí a una persona que siempre me pedía que tomara menos, que consumiera menos drogas y que buscara un trabajo. En fin, ella siempre me aconsejaba a quererme más, pero yo no le daba mucha importancia a lo que me decía: yo estaba muy seguro de su sentimiento hacia mí, creía que nunca iría a perderla.

Ya estábamos juntos hacía tres años cuando, en el feriado del 15 de noviembre de 1999, borracho y drogado alcancé el límite de la falta de respeto hacia mí y hacia ella. Una vez más, en mi vida salió todo mal, la separación fue inevitable.

Al perder a esta persona, a quien amo mucho, ocurrió un cambio repentino en mí. Mi arrepentimiento afloró de tal forma que paré de beber y de consumir drogas de un día para otro. Fueron 23 años de completa ceguera y enajenación en los cuales desprecié el don de dibujar, puesto que cambié muchos trabajos artísticos por drogas, estuve detenido en el tiempo, alejando a las personas que me amaban y dejando que se aproximaran a mí aquellas personas que sólo querían hacerme daño.

En el día 7 de diciembre de 1999, cuando ya hacía un mes que había parado de beber y consumir drogas, ya con mi mente más clara y limpia, mi vida comenzó a cambiar, y hoy, tengo seguridad que fue la acción Divina y del Mundo Espiritual que me condujeron al camino que me haría renacer, encontrando la fuerza necesaria para fortalecer mi espíritu y cumplir mi misión. Voy a explicar a continuación.

Un día estaba en la fuente de soda de un amigo y empecé a conversar con su hermana. Le conté todo lo que había ocurrido conmigo y le hablé de la tristeza que estaba sintiendo. Ella me dijo que era miembro del Johrei Center de Miguel Pereira y me invitó a conocer el local y a recibir Johrei. Acepté y pasé a frecuentar la Unidad. Me sentía muy bien recibiendo Johrei todos los días. Comencé a dedicar en las Ceremonias y a participar de actividades con los niños en un taller de diseño. Comencé a sentirme útil.

Veía a los miembros ofreciendo donativos y sentí el fuerte deseo de ofrecer a Meishu Sama el valor de lo que gastaba en el consumo de drogas y la bebida.

Aún me sentía vacío y triste, pero fortalecido y decidido. Fui orientado, entonces, a estudiar las Enseñanzas de Meishu Sama. Leí varios libros y empecé a entender que era yo mismo quien había causado mi propio sufrimiento a través de las actitudes incorrectas y que necesitaba cambiar, usar mi vida y mi talento para hacer a las personas felices, siguiendo a Dios.

Durante ese período recibí una gran gracia. Escapé de un accidente que pudo haber sido fatal. Desperté y percibí que, aun habiendo cometido muchas acciones irresponsables, Dios todavía me daba una oportunidad más.

Participé de la Ceremonia Mensual de Gratitud de febrero en el Suelo Sagrado de Brasil, en la cual viví una emoción indescriptible. Volví decidido a ingresar en la fe mesiánica y a servir en la Obra Divina.

Fue gracias al Johrei, a la práctica de gratitud diaria, a la lectura de las Enseñanzas y a la dedicación que esos cambios profundos ocurrieron en mi vida.

Comencé a percibir aquellas personas que me deseaban el bien y a aquellas que querían hacerme daño. Antes, yo tenía muchos “amigos” y cuando paré de beber y de consumir drogas esos “amigos” se alejaron de mí. Al mismo tiempo, otras personas que jamás hubiera podido imaginar, me tendieron la mano.

Me fue dada, entonces, la oportunidad de trabajar en un periódico de la región en donde podría ejercer varias funciones, sobre todo en lo que respecta a artes gráficas. Eso, con seguridad, sería un trampolín para que yo pudiera evolucionar financiera y materialmente en mi vida.

Me torné miembro de la Institución el día 27 de enero de 2000. Fue un día de mucha felicidad porque tenía la seguridad de que la Luz de Dios y Meishu Sama me había indicado el camino del respeto y el amor al prójimo. Descubrí que mi misión es orientar y ayudar a los jóvenes para que no pasen por lo que yo pasé. Sentí que mis padres recuperaron la confianza y el orgullo por mí.

Hoy estoy convencido de que todo lo que me ocurrió fue porque creía apenas en lo que podía ver. Hacía siempre lo opuesto a lo que sentía y pensaba, era el ejemplo del más puro egoísmo.

Al ingresar al Johrei Center comprendí que lo que comanda nuestras vidas es justamente aquello que no podemos ver, y así, pude renacer. Mi verdadera vida está empezando ahora, a los 40 años de edad.

Posterior al término de mi último relacionamiento estaba muy deprimido y oraba todos los días a Meishu Sama para reconquistar la confianza de la persona a quien amo. Sabía que necesitaba  desapegar, pero no lo conseguía. Un día, peleé conmigo mismo, no quería mantener esa tristeza en mi corazón por más tiempo. Estaba cansado de probar a mi ex compañera que había cambiado. Entonces, ocurrió algo mágico, logré cambiar mi forma de pensar. Al día siguiente, como por encanto, ella volvió a mí. Tuve, una vez más, la oportunidad de recomenzar.

Actualmente, dedico todo mi tiempo libre a servir. Estudio las Enseñanzas de Meishu Sama diariamente y estoy participando del curso Nivel 1 en la difusión. Quiero crecer en la Obra Divina, mi vida ya no me pertenece más.

Me gustaría pedir perdón a mis padres y agradecerles por haber dedicado tantos años de sus vidas sin que yo retribuyera lo que ellos esperaban. Mi eterna gratitud a la hermana de mi amigo que me encaminó al Johrei Center, a las personas cuyas palabras cambiaron la visión que tenía sobre muchas cosas y a mi compañera, por haber sido responsable por el inicio de mi proceso de cambio.

A Dios y a Meishu Sama, mi eterna gratitud pues, aunque me haya equivocado tanto por muchos años, tengo el permiso de tener una familia, una hija y una mujer que me aman. Mi eterna gratitud por el permiso de poseer el don de saber dibujar, de ser saludable. En fin, agradezco a Dios y a Meishu Sama el permiso de estar vivo para hacer felices a todos aquellos que estén a mí alrededor.

Muchas gracias

 

Una respuesta a Experiencia con el Johrei

  1. Gracias por la info, bastante util

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